Desde esta suerte de exilio en el que a veces transito, desde esta costa que es margen y es orilla frente al mar, desde mis montañas, mis llanos y el misterio de mis bosques intrincados, desde mis recuerdos y también desde mi desmemoria; Caminado subidas y bajadas cargada de emociones venimos a tu encuentro y te nombramos e intentamos  definirte para encontrarte y dibujar tus perfiles siempre tan intrincados, a veces tan agrestes e indomables, Teatro Nacional. Un año más en que hemos venido a celebrarte,  sin bombos ni platillos.  Han pasado casi 500  desde el día en que por un acta del Cabildo del Caracas en fecha 28 de Junio de 1600, según cuenta la historia, se autorizara la celebración de una actividad teatral que te bautiza  ¿Error?¿Fecha inexacta? ¿Otro desatino? De cualquier forma, Teatro Nacional  ya centenario, una y otra vez entre marchas y contra marchas, sabemos que aun reclamas tus espacios y el derecho a existir en tus perfiles. Y digo que vamos a tu encuentro, que te nombramos   e intentamos  definirte y por lo tanto permíteme la pregunta ¿Qué eres Teatro Nacional? Siempre tan ocupados de todo lo que venga de ultramar nos hemos olvidado de ti y de tus raíces sembradas  en la fértil existencia creadora de nuestros aborígenes. También nos hemos olvidado  que más  tarde a lo largo de los siglos XVII, XVIII, y XIX ,   hubo muchos esfuerzos de  criollos nacidos  en esta  Capitanía General que fuimos, antes de que se iniciara nuestro destino republicano tras la guerra de Independencia, que lucharon por dejar oír su voz a través de la creación de un teatro propio.
     Teatro Nacional que somos tu y yo y somos todos los que aquí nos encontramos reunidos y más allá. Y para nadie es un misterio que actualmente nuestro país viene atravesando una crisis en todos los órdenes de la vida nacional.  El designio implacable de la historia nuevamente nos coloca ante un destino inevitable que compromete por encima de todo la integridad y desarrollo de nuestra cultura. En una época marcada por la incertidumbre, la búsqueda desesperada por satisfacer necesidades de orden material ha contribuido a despojar al este ser humano que somos   de sus tradiciones, de su memoria, y por lo tanto de su capacidad de soñar un futuro. Nos hemos convertido en sujetos desarticulados y entes pasivos desprovistos de historia. En un presente sin memoria y lazos  efectivos con nuestro pasado, presos del individualismo que corta nuestros lazos con el resto de la comunidad. Y no somos los únicos en el orbe. Razón por la que a nivel mundial numerosos movimientos sociales están relacionados con la lucha por la defensa de nuestras identidades amenazadas. En esta era de ansiedades los procesos de desarraigo a que somos sometidos nos llevan a preguntarnos una y otra vez ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? y ¿Hacia dónde vamos? Nos corresponde reaccionar con el firme propósito de reconstruir y hacer crecer la sociedad y la cultura hasta convertirlas en el espacio rico y vital que merecemos como seres humanos.
Las crisis de identidad descansan en gran medida en la desaparición de la fiesta y el rito. Así como en el empobrecimiento de la lengua,  de la narración y de la marginación del teatro. Y así el papel del teatro en su naturaleza ritual y dionisiaca es capital en la configuración de lo que somos y en cómo nos miramos. Es necesario volver a la memoria, al recuerdo y al relato. El teatro pertenece a ese espacio de las cosas sin precio, en el que la imaginación es la  principal arma para transitar hacia otras realidades más allá de las trampas de lo cotidiano. Teatro Nacional,  es bueno preguntarnos cómo nos imaginamos y cómo nos soñamos. Y es que con la imaginación  somos capaces de develar secretos y ocultas relaciones entre las cosas e ir más allá de lo aparente. A través de la imaginación podemos adentrarnos en el mundo de ficción que es per se un acto de libertad y  rebeldía.
      Y  viene a propósito esta tarde la frase bíblica primero fue el verbo y el verbo era Dios y Jesús por lo tanto siendo la parte humana del creador era Dios también que venía para revelar el logos, la mente de Dios en la tierra. Pero Jesús uno de los personajes más teatrales de la historia humana utilizaba para alcanzar a su pueblo, para crear una nueva sensibilidad las conocidas parábolas  que son narraciones breves de carácter simbólico un poco a medio camino entre lo terrenal material y lo trascendente. Y con ellas tocaba la imaginación de su gente, y ellas se fijaron en la memoria y alcanzaron un lugar poderosísimo en la tradición. Y la dramaturgia es verbo y  primero es la dramaturgia, el texto teatral. Y no puede existir  Teatro Nacional si no existe una dramaturgia nacional que dé la espalda a lo extranjerizante, que no a lo universal, que no al diálogo intercultural desde lo que somos.  Una dramaturgia auténticamente venezolana en tanto punto de vista, visión de realidad, proposición estética y de mundo, en cuanto a ideales. 

Tal y como decía César Rengifo
“Todo cuanto une al hombre del pasado y  todo cuanto ha de unirnos al hombre del futuro está dado en la esencia testimonial del teatro…, y por eso cabe considerar al dramaturgo como el lúcido testigo de su época, de su sociedad, de su contorno pero no testigo inerte sino activo…que signa un hecho; pero también lo enjuicia, lo vivisecciona, lo muestra en sus más íntimas esencias”
      Pero,   Teatro Nacional  esto no acaba acá. En los cumpleaños es el momento justo de hacer balances. Pues es momento de cosechas.  Y hay que decirte pues que percibimos  a la dramaturgia venezolana actual como un territorio fragmentado, signado por la dispersión. No se percibe un movimiento, o movimientos incluso opuestos entre sí, donde se puedan encontrar referencias claras en torno a autores, tendencias y propuestas estéticas. Las figuras faro que marcaron hasta entrado este nuevo milenio la producción dramatúrgica nacional, ya en su mayoría  no existen,  pues algunos han desaparecido físicamente, otros han emigrado fuera del país o hacia géneros distintos al teatro, pongamos por caso hacia la televisión o el teatro comercial;  otros han preferido transitar hacia   géneros expresivos distintos al teatro o incluso los hay  que han asumido, producto de las condiciones beligerantes y excluyentes de las que somos víctimas en muchos casos,  hacia un exilio voluntario, una suerte de marginación. No dudo sin embargo que existen muchas personas que escriben textos teatrales. Muestra de ello son las numerosas aspirantes que han llegado a nuestros cursos y  diplomados.  Y al pensar en esto surgen un conjunto de preguntas ¿Qué se escribe o de deja de escribir? ¿Responde la dramaturgia actual a los retos creativos de cara a la realidad tanto de la dramaturgia como del país en este nuevo milenio? ¿Se conocen los esfuerzos que muchos escritores consagrados o nuevos vienen realizando? Si se miran las carteleras teatrales podemos advertir,  sin esfuerzo alguno,  que muchos de los textos  que se presentan  responden a las necesidades del teatro comercial  donde se intenta atrapar al espectador con temas  de corte humorístico, sexual, y con actores de televisión en un coctel de fácil digestión y más redituable.  En una lucha desigual, como contraparte, buen número de los esfuerzos creativos realizados por una dramaturgia  distinta a la comercial esperan ser difundidos a través de montajes o al menos de  alguna publicación. Si te detienes a mirar el resultado de los concursos  y talleres que aún perduran se puede notar que allí predomina el interés por los temas de corte histórico, aunque no siempre acompañados de propuestas estéticas muy afortunadas y aunque una buena cantidad de ellos nos hablan de  buenas iniciativas no poseen los niveles de maduración y reflexión necesarios que hagan posibles propuestas imaginativas, novedosas, divertidas e interesantes. Existen voces con  identidad propia, lógicamente,  que han logrado labrarse con cierto nivel de continuidad un espacio dentro de la dramaturgia venezolana actual y que  sobrepasando las dificultades que  significa llevar a escena una obra con recursos económicos nimios, muestran al público sus trabajos y logran insertarse en las programaciones de los teatros recatados por el estado en los circuitos del oeste y  centro de la ciudad principalmente, generalmente con muy pocos días de presentación. También  las hay que desde las salas teatrales del Este de la capital y con temporadas más generosas, alcanzan a mostrar sus trabajos con éxito de presentación muchas de ellas.  Creo que la dispersión que presenta hoy nuestra dramaturgia se debe más que a una ausencia de textos teatrales o dramaturgos noveles o más duchos  en están en estas lides  a un vacío en los espacios donde habitan los agentes, tanto públicos como privados,  encargados de promover y difundir con criterios ajustados a las verdaderas necesidades del teatro nacional en su totalidad. Se extrañan los eventos que en el  pasado animaron la reflexión, el diálogo y  la confrontación en presencia de autores nacionales y de allende las fronteras. La crítica no se muestra  suficiente en sus alcances orientadores hacia el público. Las publicaciones deben tener un nivel de continuidad y diversidad mayor. A  través de la creación de colecciones que diferencien unos textos de otros siempre pensando en formar criterios en el lector. Las programaciones de los teatros rescatados que no son pocos,  deben dar cabida de manera más plural a los autores. Se debe dar más promoción y difusión a los esfuerzos investigativos (en esto la universidad juega un papel capital). Es necesario que el Festival de teatro que se viene realizando  de unos años a esta parte vuelque su interés en una buena muestra de autores nacionales más allá de sus posturas ideológicas. Sobre todo tomando en cuenta que  el público que va al teatro en la actualidad ha crecido y es un territorio fértil en estos momentos para generar un horizonte más amplio de  recepción. Es necesario que los directores se aboquen menos a  la escogencia de  autores foráneos  en detrimento de lo propio. Elevar el nivel, eso es. En  todos  los ámbitos: en la formación,  en la difusión y en la confrontación.
      Requiere valentía asumir la dramaturgia venezolana desde los nuevos retos que nos propone la realidad, con  miradas renovadas y con  nuevas soluciones.  Es lo que permitiría comenzar a dar coherencia a los esfuerzos. Animar el diálogo reflexivo,  la convocatoria y la sana confrontación, de eso se trata.  A través de los cuales es posible encontrar el hilo perdido de un discurso: el de la dramaturgia venezolana y el del teatro nacional
De tal manera que como suele ser en los cumpleaños Teatro Nacional,  de cara a este nuevo nuevo tiempo que transitamos y  al inicio de un nuevo viaje alrededor del sol en que  la realidad se presenta llena de incertidumbres, riesgos y desafíos deseamos  que un espíritu más plural y flexible guie los pasos de tus dramaturgos y dramaturgas, que encuentres nuevos aliados y asociaciones fructíferas, que sea capaz de conquistar  nuevos espacios, que en aras del poder de la imaginación se configuren para ti  nuevos discursos que garanticen el surgimiento de una dramaturgia nacional acorde a los tiempos y pensando en  un nuevo espectador. Y sobre todo te deseo que el dramaturgo crezca y   desde su postura de poeta,  retado  a través de  las distintas manifestaciones de lo lúdico sea  capaz de crear un espacio  íntimo en el que unas imágenes perdurables puedan convocar a un nuevo espectador a participar de un texto en comunión con la nueva espiritualidad de este tiempo de cambio.


 CARLOTA ELENA MARTINEZ BRICEÑO
Caracas 28 de junio de 2019